Colaboración “Cómo la mujer insegura aprendió a querer”

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Recientemente he hecho una colaboración preciosa en el blog Espacios de Soledad de mi compañera Eliana Vasquez. En el blog, Eliana ha creado un rincón para reflexionar sobre temas de interés de crecimiento personal para mujeres, y lo hace con una sensibilidad y un detalle conmovedores.

Este proyecto en concreto, son una serie de relatos escritos por diferentes mujeres, partiendo de uno que inició ella. El proyecto se llama: la mujer que aprendió a querer. Inicia desde un capítulo escrito por Eliana, en el que plantea una mujer que descubre el sexo y las relaciones sexoafectivas de una manera muy hiriente.

Podéis leer el primer capítulo escrito por ella aquí:

http://www.espaciosdesoledad.com/p/la-mujer-que-aprendio-querer.html

Yo escribí la cuarta participación, que corresponde a la mujer insegura, y se titula “Cómo la mujer insegura aprendió a querer”:

http://www.espaciosdesoledad.com/p/mis-publicaciones-en-otros-blogs.html

Con la situación inicial planteada por Eliana en el primer capítulo, elaboré el relato partiendo de un personaje femenino estándar con vivencias en las cuales muchas mujeres se sentirán reflejadas, porque está construido a base de retazos de experiencias de inseguridad con las relaciones.

Me baso en mi propia experiencia de la inseguridad, y realidades que me han relatado algunas de las pacientes, amistades y familiares que tengo (o he tenido).

El hecho de que lo haya basado en muchas experiencias diferentes no quiere decir que cada elemento de inseguridad que he añadido pertenezca a una mujer diferente, sino que cada uno de estos elementos se daban en muchas de las mujeres en las que he pensado, en muchas ocasiones varios complementados.

La frecuencia con la que se dan este tipo de comienzos en la sexualidad y las relaciones es aplastante, y la frecuencia con la que este tipo de estructuras se dan, en consecuencia, también.

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Quisiera hacer una matización en referencia al tema de la no-monogamia como espacio para recuperar la seguridad…

He planteado una situación muy idílica: gente que sabe lo que hace y cómo hacerlo para cuidar y respetar. Pero esta no es la norma en las relaciones no monógamas, pues tanto se pueden encontrar relaciones no-monógamas que afiancen la seguridad, como relaciones no-monógamas que dificulten mucho más un proceso de empoderamiento y toma de seguridades.

Relaciones dañinas y personas dañadas las hay en todos los formatos de relación, y más allá de este apunte, quiero añadir que la no-monogamia requiere de mucha más comunicación, trabajo de límites, energía implicada y paciencia… Y por la carga social del amor romántico que cada persona lleva sobre sus espaldas, puede ser más o menos complejo sostener un desmonte de ese calibre de las relaciones sexoafectivas.

Las relaciones sexoafectivas no-monógamas no nos van bien a todas las personas, y no todos los momentos vitales son buenos para relacionarse desde la no-monogamia por las distintas necesidades que podamos tener.

Con esto lo que quiero decir es: que no sea una solución mágica ni el formato idílico, porque ninguno lo es si no hay mucho trabajo de cuidados detrás.

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Te invito a visitar más cosas del blog de Eliana, porque es muy bonito.

¿Has ido? ¿Te ha gustado?

¿Quieres compartir reflexiones sobre inicios tormentosos en las relaciones sexoafectivas, o en inseguridades y formatos de inseguridad, o en diferentes formatos de relación?

¡Adelante!

Colaboración: Lectura “El Segundo Sexo”

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Hoy vengo a presentaros una colaboración que he hecho con el blog de p.nitas*. Es la decimonovena lectura del audiolibro colaborativo “El Segundo Sexo”, de Simone de Beauvoir.

Ha sido para mí un gustazo (aterrador, todo sea dicho) leerlo en grabación, y todo un lujo poder hacerlo en detalle para escoger la frase que después Inma p.nitas* ilustró para la entrada del blog (ver imagen de este mismo artículo).

Esta lectura más detallada me llevó a varias reflexiones, atendiendo a mi experiencia en temas frecuentes que traen las mujeres (mujeres desde la diversidad que el término acoge) a terapia. Me dejó sobre todo sabor amargo el darme cuenta de que hay cosas que no cambian con el tiempo, porque van tomando diferentes formas, pero que al final es la misma toxicidad en diferente paquete.

Por ejemplo, el tema de que las mujeres creamos nuestra identidad alrededor de las relaciones sexo afectivas (o solamente sexuales) que establecemos con otras personas.

Ahora esto ocurre en relaciones con más formatos (matrimonio, noviazgo, follamigas, no monógamas, o incluso relaciones que no son relaciones en sí, sino personas con las que se folla puntualmente pero con las que no hay relación más allá de compartir fluidos), pero está el punto común de que es muy frecuente que haya sensaciones de urgencia por establecer relaciones sexoafectivas sea el formato de relación que sea el que queda idealizado, y que ese malestar prevalezca en los momentos de vacío sexoafectivo o sexual.

Pero para más muestra un pincel, os dejo el enlace del fragmento que leí yo del audiolibro:

http://www.pnitas.es/el-segundo-sexo-decimonovena-lectura-por-aurora/

Por si alguien tiene interés en hacer el seguimiento del libro, os dejaré también el enlace a todos los fragmentos que se han ido haciendo del audiolibro en el blog de p.nitas*:

http://www.pnitas.es/mundo-pnitas-blog-de-feminismo/

Os animo a conocer el proyecto de Inma y su tienda, que sus ilustraciones y los productos que vende estampados con ellas son fascinantes, y con un contenido político precioso.

¿Conoces su proyecto y quieres contarnos qué te parece?

¿Has oído este capítulo u otro del audio libro y quieres compartir tus opiniones e impresiones?

¡Participa con tus aportaciones en los comentarios, que da mucho gustito y calor leerlos!

ESTUDIOS DE GÉNERO EN PSICOLOGÍA (II): Diferencias de Sexo en Inteligencia

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Los primeros estudios psicológicos que se hicieron sobre las diferencias entre hombres y mujeres tenían un sesgo de género muy fuerte, siguieron en la línea ideológica de los estudios médicos y las teorías biológicas del siglo XIX.

ESTUDIO DE LAS DIFERENCIAS DE SEXO EN INTELIGENCIA

Se hicieron varios estudios entre 1891 y 1936, en los que se utilizaron las categorías que en aquél momento se consideraban sexo: hombre y mujer, a la cual se le atribuían cualidades exclusivamente fisiológicas, y mediante las cuales justificarían rasgos y roles de género. Los autores de estos estudios buscaban demostrar que si la anatomía cerebral era diferente en hombres y mujeres, la inteligencia también debía serlo. El fin era demostrar la superioridad masculina en la capacidad de inteligencia, y se realizaron relacionando el nivel de inteligencia con el sexo de la persona:

Joseph Jastrow buscó demostrar la superioridad masculina en inteligencia a través de realizar un test con grupos de estudiantes, en los que tenían que escribir 100 palabras en poco tiempo. Tras realizarlo llegó a la conclusión de que las mujeres eran menos variables que los hombres y confirmó la hipótesis de la variabilidad de Darwin. Para decir esto se basó en que las palabras que escogían ellas eran mucho más parecidas entre sí que las que escogían sus compañeros.

Avelock Ellis se basó en datos anatómicos y patológicos. Entre los datos que tomó destacó que había mayor cantidad de hombres que de mujeres en instituciones para “deficientes mentales”*, y también mayor cantidad de hombres “genios” y con puestos de poder. Al ver confirmada nuevamente la hipótesis de la variabilidad, asumió que también se podía aplicar a los rasgos de carácter y a la educación. Es decir, que los hombres, además de tener un rango más amplio en grados de inteligencia, también la tendrían en diferentes cualidades del carácter, y en capacidad de aprendizaje.

Edwar Lee Thorndike aplicó la hipótesis de la variabilidad a los test mentales y a la educación. Mediante la realización de cuestionarios, llegó a la conclusión de que las diferencias entre hombres y mujeres eran pocas, y que la relación que la inteligencia podía tener con el sexo era escasa… Pero también definió talentos innatos y dictaminó que debían canalizarse hacia áreas de mayor utilidad: en el caso de la mujer: matrimonio y crianza, dando por sentado que estas dos facetas de su vida iban a hacer mediocre su carrera profesional y eran demasiado importantes como para dejarlas de lado.

Al confirmar en los resultados de estos estudios la hipótesis de la variabilidad de Darwin, se afianzó la idea de que en nuestra especie las cualidades en inteligencia entre las mujeres eran más homogéneas y no se presentaban muchas diferencias entre unas y otras: no destacaban por su inteligencia, pero tampoco tenían incapacidades reseñables. Mientras que en los hombres se observaban unas diferencias notables: hombres con poca inteligencia, y hombres con inteligencias brillantes.

Por ello se consideró a las mujeres como inferiores, atribuyéndoles menores capacidades de: liderazgo, inteligencia y  aprendizaje; mientras que estas mismas características a los hombres se les reconocieron como algo natural. Recordemos que esto coincidía también con la idea de la limitación innata femenina, refutada por las mediciones de la Antropometría médica de autores como Broca.

CRÍTICA DE LA ÉPOCA A LOS ESTUDIOS QUE DEMOSTRARON LA SUPERIORIDAD MASCULINA EN INTELIGENCIA

Las diferencias de sexo en inteligencia se realizaron mediante estudios que recibieron críticas, al considerarlos muy marcados por las creencias populares de su época, y ser poco exhaustivos y críticos con los métodos empleados y el tipo de preguntas realizadas para medir esas diferencias.

Karl Pearson señaló que el estudio de Ellis no era imparcial, y puso en duda que los hombres fueran superiores a las mujeres. Para ello desestimó la idea de que los hombres tenían una gama de inteligencias más amplia. Propuso que no tenía sentido fijarse únicamente en los extremos y contar a dedo, y reunió datos de medición fisiológica tanto de hombres como de mujeres de todas las “razas”* a las que tuvo acceso, para concluir que la hipótesis de la variabilidad de Darwin no era demostrable en la especie humana.

Pese a esto continuaron los estudios, así que Mary Whiton Calkins criticó los trabajos de Ellis y Jastrow tras hacer un experimento de preguntas con mujeres. Su conclusión fue que los intentos por encasillar las inteligencias de hombres y mujeres eran en vano, por la incapacidad que había de separar la diferencia que observaban, de la realidad social y fisiológica que había.

Helen Bradfor Thompson hizo un estudio en el que medía características psicológicas como: capacidad motriz, sensación, intelecto y afecto, en un grupo de hombres y mujeres. Los resultados la llevaron a concluir que las diferencias entre los sexos en la mayor parte de los puntos eran mínimas, y que estaban más relacionadas con habilidad personal y expectativas sociales diferentes para las personas de cada sexo, que con diferencias fisiológicas. Hizo una crítica muy grande de Ellis y consideró su estudio prejuicioso y poco profesional.

Los estudios sobre la variabilidad continuaron sin hacer mucho caso de estas nuevas demostraciones, y Leta Stetter Hollingworth volvió a centrarse en los centros de “deficientes mentales”, para descubrir que, para que una mujer fuera diagnosticada como tal, debía tener unas características mucho más profundas que los hombres, y que, normalmente, a las mujeres con “deficiencia mental” las cuidaban las familias en sus casas, y les encomendaban tareas del hogar.

Estas autoras impulsaron la siguiente racha de estudios al quitar fuerza a la hipótesis de la variabilidad. Es el primer paso de la historia científica en el que se plantea estudiar las Diferencias de Género, y dará lugar a etapas posteriores muy ricas que han dado mucho que pensar.

A mí la lectura sobre esta etapa de la psicología diferencial me llevó a plantearme varias preguntas, de las cuales la más importante fue: ¿Las conclusiones de estos estudios son algo que haya quedado tan atrás? Pienso que hay cosas de estos estudios que se siguen arrastrando a día de hoy ¿Se te ocurre algún ejemplo? Si quieres comparte tu opinión en los comentarios.

*NOTA: He empleado las expresiones “deficiente mental” y “raza”, porque en aquella época se barajaban estos términos.

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